Hoy, precisamente hoy, cuando algunas mentes concientes hacen un esfuerzo por recordarnos que la tierra en la que vivimos no estará aquí para siempre, me pregunto cual es el mayor defecto o marca de carácter (para no hacerlo sonar tan “duro”) que el ser humano posee, el cual lo hace permanecer inmóvil, entre otras cosas, ante una problemática tan seria como el desgaste progresivo de los recursos. La respuesta, la tenía antes de hacerme la pregunta. Y sí, la tengo yo, en cada una de mis relaciones con el resto de seres humanos, y en definitiva, la soberbia es la que día a día acaba con la conciencia, y no en un sentido ético, sino en el sentido de esa conciencia que nos permite ver, palpar y aceptar que no vivimos solos y que por tanto sin un suelo físico donde pararnos, sin un aire puro para distribuir en nuestros pulmones, sin agua sana para realizar las acciones mas básicas, la posibilidad de pensar en un futuro cercano para cerrar un trato comercial entre empresas, por ejemplo, es nulo.
Y me refiero precisamente a las visiones y misiones de las grandes, y por que no, pequeñas compañías del mundo. ¿Se ha percatado alguna vez de estos principios básicos en la organización interna de las empresas?. Todas las visiones y misiones, catapultan a las organizaciones a 20, 30 o hasta 50 años, mientras en su estructura mínima, no cuentan con un programa de reciclaje que medianamente pudiera educar a sus empleados, y así minimizar en una pequeñísima, pero significativa parte el impacto que de otras maneras genera la misma empresa. Justo ahí es donde viene a entrar a jugar mi respuesta, la soberbia. Que le hace pensar o visionar a un grupo directivo de una empresa cuando realiza una visión de su compañía, que mientras sigan menospreciando la realidad ambiental del mundo puede su razón de ser comercial seguir funcionando en 50 años?.
Lo mas preocupante, es que aún la situación puede y de hecho, sigue empeorando. Así, de que sirve tener una empresa prestadora de servicios públicos si mas allá de su intachable gestión comercial, el recurso con el que presta dicho servicio, ya no existe? No es exagerado pensarlo, de hecho ya sucede en diferentes lugares de Colombia, donde el recurso hidrográfico existía, y por las “inofensivas” acciones individuales contaminantes de habitantes en dichas poblaciones, el recurso del agua, simplemente ya no está.
Esta ya no es una situación ajena a mi vida personal. Lo fue, y lo confieso, una exagerada postura de activistas prestos de atención. Hoy he decidido que mi sueño como mujer, como empresaria, depende de estar viva. Y dejando de lado esa soberbia que envolvió toda mi vida, acepto y reconozco que yo contribuí de muchas maneras a que la tierra que piso ahora no se pueda caminar y disfrutar como antes; malgasté papel con la creencia que siempre podía comprar mas, me bañé durante horas innecesariamente porque el recibo de agua en mi ciudad no llegaba tan costoso y mis padres lo cubrían, junté los desechos de mi hogar en un solo punto porque era absurdo pensar que con esa pequeña porción afectaba al ambiente, y así.
Sé y estoy conciente que es tarde para remediar, también sé y estoy conciente que las acciones aisladas por subsanar el daño hecho y por hacer no dan resultado. Sin embargo creo en que las acciones emanadas de la conciencia colectiva, con iniciativa empresarial, funcionan. Por esta razón, estoy clara en la labor que al dia de hoy las compañías que adoptan los principios de Responsabilidad Social Empresarial, realizan al trascenderla a la vida de sus empleados y grupos de interés externos.
De esta manera, los humanos comenzamos a despertar del letargo al que la soberbia nos ha llevado, convencernos que por el simple hecho de ser razonables, no necesitamos mas los elementos que al dia de hoy nos mantienen vivos.

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